Antecedentes

El camino hacia la integración del ferrocarril en Logroño

 

El ferrocarril llegó a Logroño el 21 de septiembre de 1863. Las vías discurrían por una zona de huertas ubicada al sur del casco urbano que se transformaría con el tiempo en la principal arteria de la ciudad: la Gran Vía. Logroño creció y aquellas infraestructuras se convirtieron con la entrada del siglo XX en un obstáculo insalvable en la expansión meridional de la ciudad. Se barajaron diferentes posibilidades y, finalmente, se apostó por el traslado.

Las nuevas instalaciones, localizadas unos cientos metros al sur, a las afueras, entraron en funcionamiento el 9 de noviembre de 1958. Pocos imaginaban entonces que la historia, iba a repetirse. Logroño siguió creciendo y no tardó muchos años en superar el corredor: pronto se convirtió en un cinturón de hierro en el centro de la ciudad que condicionaba su desarrollo, determinaba su paisaje y dividía su casco urbano.

El Ayuntamiento de Logroño, el Gobierno de La Rioja y el Ministerio de Fomento suscribieron el 25 de julio de 2002 un convenio que posibilitará la integración del ferrocarril a su pasa por la ciudad de Logroño. La actuación, que afecta a seis kilómetros de trazado viario en superficie, integra infraestructura, arquitectura y urbanismo con el objeto de resolver por mucho años el corredor ferroviario en el entramado urbano.